Autoestima y Desarrollo Los siete primeros años de vida son de vital importancia para fundar un buen desarrollo de la autoestima. La relación con los padres y las personas que rodean a un niño y las vivencias que se refieren a él, son decisivas para la formación de la confianza básica.
En el periodo escolar básico (de losEl concepto de si mismo surge de experiencias personales, de las evaluaciones que otros hacen acerca del individuo, y de la identificación con seres queridos, familiares, amigos, etc. Estas vivencias, paso a paso, a la luz de este autoconcepto en ciernes, serán integradas por el individuo, dando origen a una estructura personal y cognitiva estable.
“La autoestima es la predisposición a experimentarse como competente para afrontar los desafíos de la vida y como merecedor de felicidad” (NATHANIEL BRANDEN, “El poder de la autoestima”)Autoestima y Aceptación del Otro.
Aceptar a otro es acoger las diferencias y las semejanzas. Ese otro cercano puede ser de diferente color, pensar distinto, hablar de manera diferente, pero me puede querer, puede ayudarme y ser mi amigo, o tal vez no, o simplemente compartimos la misma ciudad.Cada persona es una isla en sí misma, coexistiendo en un gran archipiélago. Una isla única, irrepetible, con el derecho incuestionable de usar sus experiencias a su manera y descubrir y darle a estas sus propios significados. La aceptación de esta persona, de este otro distinto, se manifiesta en el acoger sin juzgar y en la confirmación de este.
El tener la capacidad de aceptar a ese otro diferente significa valorar al otro y valorarse a si mismo, es reconocer y reconocerse, es amar y amarse y admitir que todo lo que el otro es, es legítimo y único. Referido a la aceptación, Carl Rogers afirma que cuanto más comprendida y aceptada se siente una persona, le resulta más fácil abandonar los mecanismos de defensa con que ha encarado la vida hasta ese momento y comenzar a avanzar hacia su propia maduración.Autoestima y Afectividad Positiva.
Es el acto de acogida primario, el suceso que trae protección, amor y apoyo, y sirve de base para que nos desarrollemos libres de temores. La afectividad positiva ayuda a que las acciones se expandan con la intensidad de quienes confían en sus capacidades y que no temen ser ellos mismos. El amar y ser amados detona en nosotros grados de seguridad que nos permiten asumir éxitos o reveses sanamente, y nos hace sentir inmersos en un mundo sin sentimientos de abandono ni faltos de pertenencia.En función de lo anterior es que a nuestros niños debemos proporcionarles un amor incondicional, sin considerar sus logros y fracasos. Un niño, con el transcurso del tiempo, va elaborando su autoestima, va descubriendo y creando opiniones sobre si mismo y sobre el entorno.
Cada mensaje que emitimos contiene mil universos, y muchas veces, dos, tres o más palabras confirmadoras, valen más que mil imágenes bellas. Las emociones son la expresión clara de nuestra intimidad; es imprescindible dejarlas ser, en la medida que poseen su propio designio y su propio significado. Se nos puede requerir dominio sobre nuestras acciones, pero no sobre nuestras emociones.El ser capaces de expresar lo que sentimos y emocionamos desarrolla la satisfacción de creer más en nosotros, en reafirmar nuestra autovaloración. Es la relación-contexto estable la que nos hace responsables de nosotros mismos en el camino hacia la autenticidad y hacia la autonomía.
“Referido a la emociones Humberto Maturana expresa: “Pedimos a nuestros niños que controlen sus emociones, con lo cual las negamos, pues la emociones no se pueden controlar, ya que son el fundamento del fluir del vivir. Pero sí podemos mirarlas, y al hacerlo, abrir el camino que permite recuperar la libertad reflexiva y de acción responsable que cualquier apego emocional niega” (HUMBERTO MATURANA, “Transformación en la convivencia”)














Buenas tardes desde España
Precioso tema Carlos siempre me interesó , muchas gracias
Mil besos de Maria