No escribo porque me interese la farándula o los acontecimientos que se suscitan en torno al fútbol; no obstante no puedo dejar pasar una secuencia de eventos acaecidos estos últimos meses en el país y que me llevan a reflexionar en el rol de la educación formal e informal. La formal es la que se imparte en colegios y universidades y la informal la recibimos en la calle, en el hogar, y a través de los medios de comunicación. Son estos últimos los más “inspiradores” de la moral nacional y de ética personal, recordando que la ética y la moral por definición de raíces significan lo mismo (costumbre); sin embargo, con el transcurrir del tiempo, se han diferenciado: la ética es la suma de valores y normas personales –lo correcto o incorrecto en el proceder humano- y la moral es el cúmulo de valores, normas y costumbres que obtenemos de la sociedad. Pero observemos cómo corre el agua por estos días: un grupo de futbolistas se lanza mermelada y jamón por la cara, dicen garabatos, en un desayuno de la selección chilena en -Unos panelistas de un programa de farándula, destrozadores de la vida de otros por oficio y porque el sistema se los permite y nosotros los observamos y los auspiciadotes se ponen con dinero, enchufaron la máquina de destrozar almas y hicieron pebre a una compañera de trabajo, hecho que fue visto y escuchado por millones de niños y jóvenes del país. Educación informal dijimos que se llamaba. Anoche prendieron las luces del plató televisivo, pidieron perdón y listo, se acabó el problema; claro, quizá el problema entre ellos se solucionó para el público, pero lo que dejan en el alma de este país, en los educandos, es que las fronteras no existen, ni el respeto, ni la lealtad, menos el amor por el otro. Importa más la fama, el dinero, el raiting. Son perdonados por la masa y nadie los castiga por 20 partidos. Los niños y jóvenes necesitan que la educación informal les ayude a amplificar su autonomía moral, donde la integridad sea el factor preponderante, y donde la solidaridad, la empatía, el respeto mutuo, la generosidad y la valoración de la diversidad, se constituyan, en la medida que son una predisposición natural en los seres humanos, en valores permanentes que contribuyen al desarrollo del pensamiento ético y moral del individuo.
Tú estás aquí para completar el universo














se puede vivir sin TV
Hace más o menos 4 años le regalé el televisor al conserje, pues vivo en una torre.
Ya sé que todo el mundo dice que eso ya es fanatismo, pero la verdad es que se puede vivir perfectamente bien sin TV, pues no aporta casi nada.
Me aburrí de propaganda, spots, farándula, morbo en las noticias, sangre, malos programas, etc.. Si quiero ver una película, la veo en DVD, si quiero noticias, me informo en Internet. En todo caso, puedo vivir sin tele, pero no puedo vivir sin Internet.... je je
Es bueno hablar de esto, Carlos, porque uno se acostumbra a algo y a veces pasa eso con la TV, la gente la ve porque sí, por costumbre, pero ni siquiera porque les interese realmente, pero como no hay más, entoces la ven. A mí me pasaba lo mismo, igual veía programas que no me gustaban, por eso tomé la decisión drástica de deshacerme del aparato.
Un abrazo,
Isabel
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"Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano"